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Valencia, California
Studying scripture and preaching the Word to draw us into deeper understanding and more faithful discipleship.

Monday, March 17, 2008

Mark 11:1-11 Triumphant Entry Monologue

The Messiah’s coming? Seriously? I don’t believe you. Don’t play around. I have chores to do. The Messiah, really? Man…that would be incredible. You know? He could lead us and defeat the Romans. We’d get our land back, our temples, the tax collectors would be gone, we’d get to live by our rules, the laws God set for us!

Man, I can’t believe it. The messiah, he’s here, so close I’ll be able to touch him. He’s here. He’s here! God’s chosen one, the descendent of David, he’s here! He’s here to help. He’s gonna fix things—the corruption, the lies, the scandals, the fraud, it will all cease. Praise God! It’s time for a celebration. Let’s make him feel welcome. Hurry, go get some palm branches. We’ll put on a banquet—the best wine, the fatted calf, our Sabbath best, we’ll go all out. This is the guy! The man we’ve been waiting for!

I can’t believe this is it! We’ve waited so long. My parents and their parents before them, and their parents before them, and before them….14 generations…they’ve suffered, endured, been subjugated and marginalized, and waited, hoped for the Messiah, and now, finally, he’s here.

It’s kind of surreal, you know? I mean, I hate to be a cynic , but God’s been pretty quiet all these years. The suffering, the Romans, the tax collectors, the oppressors. I know I shouldn’t say this, but it’s like God has forgotten us. I’ve even wondered if we actually are “God’s chosen people.” I mean, I don’t feel all that “chosen” when the tax collector comes or they mock our customs. I know that’s bad, but sometimes, I don’t know, doubt just wins out when you don’t see or feel or hear God acting.

And I know we’ve been taught all about the Messiah, the anointed one, but who knew if he’d actually ever come? (Pause) Maybe I should have been more like Job—more faith, less doubt, all that good stuff. But, this is me. (Shrug).

(Pause, surprise) Oh my gosh! Look! There he is! He’s here! Can you believe it?!?! The messiah, he’s here!

Hosanna!

Hosanna to the Son of David!

Hosanna!

(It’s him, can you believe it?!)

Hosanna!

Blessed is the one who comes in the name of the Lord!

(This is incredible! It’s so amazing! He’s here. He’s really here! The Messiah! He’s here!)

Hosanna!

Hosanna in the highest!

I can’t believe I was here the day the Messiah came! My grandma would have given her left leg to have met him!

This is so incredible!

Praise God! Hosanna! Hosanna! Praise God!

Friday, March 14, 2008

Lucas 23:32-49

También llevaban con él a otros dos, ambos criminales, para ser ejecutados. 33 Cuando llegaron al lugar llamado la Calavera, lo crucificaron allí, junto con los criminales, uno a su derecha y otro a su izquierda. 34 Padre dijo Jesús--, perdónalo, porque no saben lo que hacen. Mientras tanto, echaban suertes para repartirse entre si la ropa de Jesús. 25 La gente, por su parte, se quedó allí observando, y aun los gobernantes estaban burlándose de el. –Salvó a otros—decían--; que se salve a si mismo, si es el Cristo de Dios, el Escogido. 36 También los soldados se acercaron para burlarse de el. Le ofrecieron vinagre 37 y le dijeron –Si eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo. 38 Resulta que había sobre el un letrero, que decía: <>

39 Uno de los criminales allí colgados empezó a insultarlo. --¿No eres tu el Cristo? ¡Sálvate a ti mismo y a nosotros! 40 Pero el otro criminal le reprendió: --¿Ni siquiera temor de Dios tienes aunque sufres la misma condena? 41 En nuestro caso, el castigo es justo, pues sufrimos lo que merecen nuestros delito; este, en cambio, no ha hecho nada malo. 42 Luego dijo: --Jesús, acuérdate de mi cuando vengas a tu reino. 43 –Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso—le contestó Jesús.

44 Desde el mediodía y hasta la media tarde toda la tierra quedo sumida en la oscuridad, 45 pues el sol se ocultó. Y la cortina del santuario del templo se rasgó en dos. 46 Entonces Jesús exclamó con fuerza: --¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu! Y al decir esto, expiró. 47 El centurión, al ver lo que había sucedido, alabó a Dios y dijo: --Verdaderamente este hombre era justo. 48 Entonces los que se habían reunido para presenciar aquel espectáculo al ver lo ocurrido, se fueron de allí golpeándose el pecho. 49 Pero todos los conocidos de Jesús, incluso las mujeres que lo habían seguido desde Galilea se quedaron mirando desde lejos.

Cuando la maldad empieza a tener poder, se añade a si misma. Agarra cada pecado, cada pedazo de odio, de flojera, de apatía, de arrogancia, de vicio, y añade más y más fuerza a si. Es como si la maldad necesitara comer, y si no hay comida, se pone bien débil, aun enferma, pero cuando hay la comida de nuestros pecados, se mejora y se pone más fuerte todavía. Y lo mas fuerte que es, lo mas difícil de resistir. Así nos encontramos con la maldad y le llevo a Jesús a la cruz. Primero fueron los sacerdotes que se enojaron con el. Acuérdense de que solo una semana antes, cuando Jesús entró a Jerusalén, todo el mundo estaba allí celebrándole cantando: ¡Bendito el Rey que viene en el nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas! Hace una semana y era héroe, todos se congregaron al templo para escuchar sus enseñanzas, para estar a su lado, en su presencia, pero ahora, en el día de su muerte, todos están en contra de el, burlándose de el, gritando ¡crucifícalo! ¡Crucifícalo! Primero los gobernantes, después los soldados, y aun el condenado—todos se burlaron de Jesús. Todos recogieron el contempt, la arrogancia, y dejaron la compasión, cerraron sus ojos, taparon sus oídos. Y así es con la maldad. Quizás no hay tanta tentación cuando estamos nosotros solos, pero cuando otro participe, se hace más fácil para nosotros. Uno dice ¡crucifícalo! Y otro ¡crucifícalo! Oye otra a los otros 2 y ella también, ¡crucifícalo! Y de repente todos están jeering ¡crucifícalo! ¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo! Ya no escuchan al maestro conocido, ya no se sienten el toque de el que hace milagros, ya no ven la cara de cariño que les amo en su necesidad. Se han montado en el tren de maldad y allí van corriendo.

Y luego bajita en el principio, se oye una voz. ¡Cállate! ¿No lo ves? Somos nosotros los malos. Los insultos pertenecen a nosotros. Somos tu y yo que no podemos salvar a nosotros mismos. El si. Solo el puede. Y allí en la cruz, vemos a un criminal arrepentido—como el niño en una clase que ve la locura de los demás, las travesuras, y pide perdón de la maestra, por todos aquellos y por el mismo y como ha desobedecido en el pasado. Lamenta este criminal como un niño. “Lo siento Señor, se que no lo merezco, pero acuérdate de mi. Reconozco quien eres y no quiero estar sin ti otra vez. Déjame quedarme contigo Jesús.”

Cuando tomamos la santa cena, la pastora dice “el cuerpo de Cristo—quebrado por ti.” “La sangre de Cristo, derramado por ti.” Lo que no podemos negar cuando miramos hacia la cruz es que el cuerpo de Cristo fue quebrado. Lastimado. Herido. Rasgado. El cuerpo de Cristo sufrió y endureció lo más feo y dañino que uno puede. Allí en la cruz sufrió el Rey de reyes y Señor de señores. Y no lo hizo por el mismo. Lo hizo por ti y por mi, por todos que han vivido, todos que viven, y todos que han de vivir. El cuerpo de Cristo, quebrado y dado por ti. La sangre de Cristo, derramada por ti. La sangre de Cristo que goteaba de su freno, de sus manos, de su espalda, azotada, de sus piernas y pies, y de su pecho cuando fue apuñalado por el soldado.

La sangre de un ser humano, el único perfecto. El hombre y Dios en uno, el Rey de reyes y señor de señores. Esa sangre se convirtió en la bebida de vida. El vino ofrecido domingo tras domingo por el mundo—al hombre, a la mujer, a los jóvenes, y a los niños. La sangre de Cristo derramada por ti.

Cuando tomamos del pan y del vino, debemos recordar con pena el sacrificio, el dolor, el sufrimiento que paso Jesús. Cristo Jesús, el Rey, el Señor, el hombre perfecto. Dios mismo, sufrió para nosotros. Lo escogió porque sin la perfección suya no se cubre todo fallo. No se logra el reino de Dios. Sin perfección el perdón no puede ser abundante. Solo la perfección puede corregir todo mal. Si no tenemos a la perfección, siempre nos quedamos en “casi”. Casi perdonados. Casi en el reino de Dios. Casi cubiertos. Casi sanados. Solo con 100% perfección se logra, se corrige, toda corrupción. Solo con 100% perfección conquista maldad, muerte, y el pecado. Por esto necesitamos a Cristo—el es la perfección de Dios que nos corrige, que conquista nuestros pecados, que nos limpia, y que nos salva. Solo con 100% perfección se logra a la promesa de Dios. Y por Jesús se cumple no solo perfección para el, pero nos ofrece el camino hacia la perfección para nosotros.

Sunday, February 24, 2008

The good Shepherd

John 10:1-21

Most of us have heard the rumors that sheep are stupid animals, that all they are equipped to do is follow. And let’s be frank, in a world driven by the intelligence, prowess, and self-sustainability of the individual—none of us wants to be a sheep. Sheep aren’t leaders, they’re followers. They aren’t fierce protectors, they’re unwitting prey. Sheep aren’t unique or intriguing—they’re just sheep. And heck, sheep are so un-unique, so much a part of the crowd that we use the same word when talking about one or 100, a sheep, 10sheep, it doesn’t matter- they blend in with the crowd and they all follow the same guy, or gal.

So we have this thing against sheep. We don’t admire them and generally don’t’ want to be like them—seemingly skiddish, unthinking, and un-unique animals. No, we don’t want to be sheep. We’d rather be fierce like a lion, or cunning like a fox, or strong like an ox, or even loving as a puppy. But to be a bunch of sheep….nah….

But there’s a bit of a problem with our reluctance to be sheep. You see, Jesus is the good shepherd—the beautiful, dedicated, caring, and brave good shepherd. He’s the protector, and the provider. He will even lay down his life—but he doesn’t do these things for the lion or the fox, the horse, or the dog—Christ does it for the sheep. Basically, in order for Christ to care for us, protect us, lead us, guide us, and provide for us, he must be our shepherd, and we must be his sheep.

Now some of you still may not want to be sheep, but there’s good news. Sheep are actually cooler than their bad rap suggests and you might even notice some characteristics that are already a part of who we are. Wikipedia, the online encyclopedia shares these traits:

  • · Sheep hang out in groups
  • · They recognize faces
  • · They often congregate in smaller subgroups, sometimes related to family ties
  • · There’s some degree of hierarchy among sheep with some being leaders
  • · Sheep flee from danger, but will confront head on if one of their young is at risk
  • · Sheep learn to stay in a particular area.

See, we already have a head start on this sheep thing. We’re communal too; if we’re smart we run from danger, but come to fight for our kids. Sheep stick together and they follow their leader.

Jesus. The good shepherd. If we allow ourselves to follow him, he’ll lead us and feed us, and seek us out when we are lost, he’ll even go so far as to risk his life, he’d die for us b/c we are worth everything to him. The good shepherd knows his sheep and his sheep know him. Jesus knows you and if you follow him you’ll know him too.

You’ll know him so well, so intimately that you come to know his voice. Maybe that seems simple or obvious, but think about it—think about the warmth and comfort of hearing the voice of someone you love. Think about it—a long hard night on the road—straining to see through the storm, anxious about other drivers, tense and alert, and at the end exhausted and spent. And yet before you can sleep you need to hear the voice of that certain someone, the one whose mere “hello” will quiet your nerves.

Or maybe you’ve just come from the doctor—bad news. They’ve noticed something—an abnormality and now they have to run more tests. You’re scared and your stomach is doing flips, you need assurance and comfort and so again you call to hear that voice. There’s comfort in that voice because you know you’ll find compassion and understanding, hope and assurance. You’ll find not just kind words, but a relationship, a history, past trials as well as triumphs. There’s freedom and peace, solace and space in the voice of one who loves you!

Scripture goes on from telling us that we, the sheep, know Christ’s voice, it tells us “[he is] the good shepherd [he] knows his sheep and [his] sheep know him.” Ahh to be known! Since leaving home to go to college, I’ve moved a lot—at least 11 different times—new cities, new neighbors, new customs, and new relationships. Time and time again I found myself saying, it’s just so hard—nobody knows me here!” I hated having to re-explain who I was, what my past held, what my beliefs were, what my hopes were—all so that someone might be able to understand me and eventually know me. Because there’s nothing like being known. Recently I had the opportunity to go back to Atlanta and visit with seminary friends and there was something so comforting in being in their presence—they had journeyed with me—figuratively and literally. They had laughed with me and cried with me, been scared for me, and celebrated with me. They knew my quirks, the inside jokes, and my gifts. They knew me and it was nice to be known.

Just as I found comfort and joy, energy and renewal in being with those who know me—Christ offers that same intimacy. He knows us—in that deep down raw and vulnerable, bear all kinda way. Christ knows you and he knows me.

I want you to look at your neighbor and say,

· “Neighbor, Christ knows you.”

· “Neighbor, Christ sees you.”

· “He knows what you’ve been up to.”

· “Your greatest joy, he celebrates with you”

· “That thing you don’t want anyone to know about--he knows it.”

· “And guess what?!?! He loves you in spite of it and he loves you because of it.”

Sunday, February 3, 2008

La tentacion de Cristo

R95 Matthew 4:1 Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. 2 Después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, sintió hambre. 3 Se le acercó el tentador y le dijo: -- Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. 4 Él respondió y dijo: -- Escrito está: "No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios". 5 Entonces el diablo lo llevó a la santa ciudad, lo puso sobre el pináculo del Templo 6 y le dijo: -- Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, pues escrito está: ""A sus ángeles mandará acerca de ti", "y ""En sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra". 7 Jesús le dijo: -- Escrito está también: "No tentarás al Señor tu Dios". 8 Otra vez lo llevó el diablo a un monte muy alto y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, 9 y le dijo: -- Todo esto te daré, si postrado me adoras. 10 Entonces Jesús le dijo: -- Vete, Satanás, porque escrito está: "Al Señor tu Dios adorarás y solo a él servirás". 11 El diablo entonces lo dejó, y vinieron ángeles y lo servían.

Yo me imagino a Jesús, después de estos 40 días en el desierto, cansadísimo. Fatigado. Sin nada que dar. Sin energía. Sin concentración. 40 días sin comida. 40 días sin compañeros. 40 días sin conversación. 40 días sin toque. 40 días sin sonrisas. 40 días sin abrazos. 40 días sin pelea. Después de estos días yo me lo imagino, anhelando amor, compañerismo, comida, y consuelo para su alma. El fin de su peregrinaje en el desierto ya se acaba. Había una luz al final del túnel. Y se acercaba más y más, y brillaba más y más. Ya hay esperanza. Se ve la promesa—el fin de la prueba. Paz. Consuelo. Grosura.

Y después. Poom! Una prueba. Tentación. Sale en tentador, y le dice, aquí esta una piedra, y tú tienes el poder de Dios—hazlo pan para que comas. Tentación. Tenía hambre Jesús. Pero no solo el hambre del cuerpo—la falta de comida. También tenía hambre del espíritu, del alma. Le faltaba amor. Le faltaba consuelo. Le faltaba compasión. Le faltaban todas estas cosas de las relaciones humanas que mantiene una persona. Y como ser humano, el tentador sabía que tenía la debilidad de creer que se puede llenar este espacio espiritual con lo físico. Consuelo en las cosas. Comida. Cigarrillos. Una cerveza. Hashish. Una Coca-Cola. Sea lo que sea, lo usamos para llenar nuestras necesidades. Nuestros vacios. Son necesidades espirituales y emocionales pero las intentamos calmar con las cosas materiales. Y no se puede. Lo espiritual no se puede satisfacer con lo material. Vaqueros nuevos. Carro nuevo. Un cafecito. Un queque. Lo que sea—es como poner lo cuadrado en lo redondo. No se cabe. Lo material no puede llenar, saciar, ni satisfacer lo espiritual.

Y que reto más grande. Discernir dentro de tanta necesidad que no podía saciar sus deseos por el pan. Ya cansadísimo, fatigado, con hambre pero discierne la verdad y contesta al tentador: "No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios". Ganó Jesus.

Bien. A la esperanza otra vez. Al amor, compañerismo, compasión, a la comida real. A la luz al final de túnel. Uno a este punto le dice a Dios, “Si de verdad me quieres, sácame de aqui. Prueba que tú eres Dios. Prueba que tú eres bondadoso. Prueba que no me has abandonado.” Cuando pasamos por tanta oscuridad, tanta prueba, nos arrodillamos y le rogamos a Dios—“¡Sálvame! Ya no puedo más Señor. Sálvame. Rescátame. Quítame de este lodazal.” Queremos que Dios pruebe su amor. Que pruebe su misericordia.

Y en este momento de la desesperación, entra el diablo otra vez. Le lleva a Jesús al pináculo del templo y le dice: <> Le pone la zanahoria en frente. Pruébalo. La segunda tentación de Cristo tiene que ver con poner a prueba a Dios. En el momento más frágil, donde uno necesita y quiere tanto que Dios le muestre su amor, el diablo entra para tentarle que le obligue a Dios que haga algo. Porque si somos creyentes, si confiamos en el poder de Dios, si confiamos en su amor y misericordia, ¿por qué no nos sacaría de alli? ¿Por qué no nos rescataría? Pero Jesús resiste. No cae en la tentación. Y le dice al enemigo: "No tentarás al Señor tu Dios". No tentarás al Señor tu Dios. ¿Cuán difícil es esto? Solo quiere una muestrecita de la misericordia, y en tanto dolor, con tanta pena, ¿qué le costará a Dios? Pues, se imagina que nada. Pero lo que le va a costar a Dios no es lo más importante. Lo más importante es que no le pongamos a prueba y que confiemos en que vaya a contestar cuando sea el mejor tiempo. Pues ganó Jesús por segunda vez. Salió de lo difícil. Conquistó al mal. Sobrevivió el vicio de probar la presencia de Dios en vez de solo tener fe.

Ahora más cansado por las pruebas. No se confunden, la tentación es fuerte y el enemigo es poderoso y le va a costar pelear con él. La fuerza que le costó enfrentarse con el poder de la tentación era mucho. Enfrentarse con el tentador te va a cansar. Te va a quitar la energía. Te va a sacar las ganas. Pero salió Jesús. Cansado, pero ganador. Y nosotros también podemos ganar al enemigo. Ya después puede fijarse en la luz, en la esperanza, en el deseo de abrazar a la familia, a sentirse tranquilo con los que le amaban. Yo me lo imagino a Jesús cansado, listo de irse, de dormir, de comer, de abrazar a los queridos. Y allí en su cansancio, me imagino que tenía sus dudas, sus preguntas, ¿por qué no ha venido Dios? ¿Por qué no ha intervenido? ¿Qué está haciendo que no se preocupa por mí? Bueno, lo hago por mí mismo. Si Dios no va a probar su poder, yo pruebo el mío. ¿No somos nosotros así? Si nos falla Dios, o sea, que creemos que Dios nos ha fallado, ¿nos ponemos de bravos, listos de probar que si no nos va a contestar, que pues, no lo necesitamos?

Y es allí en esta debilidad humana que intenta entrar el diablo por tercera vez. Le ofrece a Jesús todos los reinos del mundo y toda su gloria. Wow. ¡Qué bien! Con todo esto uno sí se puede mostrar que tiene lo necesario, que no necesita a otro. Que con este poder, no le hace falta nada, ni nadie, ni siquiera Dios. Se cree uno que con poder se puede hacer de todo. Se pone macho. Se pone brava. Solo hay que conceder que se gana sin Dios, o sea por el tentador, el enemigo, por el diablo. Si concede esto, promete él—gana todo.

Pero Jesús no lo deja entrar. Aunque cansado, sigue fiel: <> No podemos conceder el poder, ni la gloria, ni la honra a nadie más que Dios. Porque solo a Dios pertenecen. Solo de Dios viene el poder verdadero. Solo de Dios viene el pan que sostiene, el que llena el alma. Y todo lo que hace Dios, hace según su plan, según su voluntad, y debemos confiar en que nos va a contestar.

Las tentaciones de Cristo son fuertes en sí. Pero más fuertes eran por la situación, por el cansancio, el anhelo, la desesperación de Jesús después de no comer, no compartir, no tocar, mas fuertes eran las tentaciones, pero Jesús tenía claridad. Tenía sabiduría y discernimiento. Y ojala que tengamos lo mismo. Que reconozcamos que las cosas materiales no nos pueden satisfacer. Que debemos tener fe en cuanto a las respuestas de Dios, que no debemos ponerle a prueba. Y que a Dios solamente pertenece la gloria y la honra, que no las debemos conceder a nadie menos Dios. Vamos a pasar por los desiertos, aun quizás alguien hoy esta en medio del desierto. No se desanimen. Te vas a cansar. Vas a estar fatigado, fatigada. Y cuando crees que no puedes mas. Que no puedes aguantar otra cosa. Que mejor que termine la vida porque tu no puedes seguir asi, en estos momentos, cuando crees que debe venir Dios montado como caballero para rescatarte, en estos momentos de duda, de debilidad, de cansancio, te va a intentar engañar el enemigo. Te va a probar. Te va a tentar. Ofrecerte cosas materiales para saciar el alma—no servirán. Niégalas. Cuando lo único que quieres es una muestrecita de misericordia, te va a hablar el enemigo—pues si realmente eres hijo de Dios, hermana de Cristo, Dios te atenderá—inténtalo. No lo hagas. No le pongas a prueba. Confía en Dios y no lo dejes al enemigo que entre. Y cuando estás listo o lista de tirarte al suelo, de quedarte en cama y nunca salir, regresará el enemigo, “Parece que Dios no te ama. Que Dios no te va a atender. ¿Para qué sirve tu Dios? Pero yo, yo te puedo dar todo el poder, todas la riquezas. ¿No quieres todo esto? Ándale pues, Solo tienes que conceder que yo soy el poderoso y tendrás todo.” No lo creas. Aléjate del tentador. Aléjate y dile que se vaya, porque tu Dios está vivo. Tu Dios te va a contestar. Y el enemigo no te puede dar nada que vale. No te puede dar nada que durará para siempre. Pero Dios sí. Tengan paciencia hermanos y hermanas. Tengan fe. Aun en el desierto Dios está contigo. Aun cuando no lo puedes sentirle, está contigo. Aun en la oscuridad de las pruebas, está contigo. No dejen que el enemigo gane. No lo crean. No confíen en él. Confíen solo en Dios. Confíen en su misericordia. Confíen en su plan. Y al final de las pruebas del enemigo, si no le has concedido ni el poder ni la gloria, Dios te mandará los ángeles y te atenderán. Hay esperanza en medio de las pruebas. No dejen de esperar. Hay un fin. Y a fin de cuentas, Dios sigue bueno. Dios sigue poderoso. Dios sigue en su misericordia, y te atenderá.

Sunday, January 27, 2008

Nos acerca la cuaresma

Nos acerca la cuaresma. Ya la semana que viene celebraremos el miércoles de las cenizas que empieza la cuaresma—el tiempo de preparación para la Pascua. Y quiero que pensemos en cómo podemos adelantar nuestra relación con Dios, como podemos crecer en el compañerismo, y como podemos mejorar nuestro discipulado.

La cuaresma tiene muchos costumbres, incluso el de negarse cosas—una comida especial como helado o chocolate, el no comer carne, etc. Hay otros costumbres de añadir una disciplina espiritual que practica por los 40 días—puede ser el ayuno, mas oración, o más estudio bíblico. Las dos maneras tienen el mismo fin—minimizar el ser de uno y expandir el tiempo dedicado a Dios.

Yo creo que para algunos la cuaresma, con el tema de negarse, se ha convertido en algo negativo. Se presenta como un castigo, lleno de reglas y limitaciones. Como una dieta, nos hace sentir mal por lo que comemos o la falta de oración en nuestras vidas. En vez de acercarnos a Dios, se siente una presión pesadísima y nos alejamos. Pero no debe de ser así.

La cuaresma debe de ser un tiempo que nos atrae a Dios, que nos acerca a su hijo, que nos lleva tan cerca a Jesús y al final, a la cruz, que cuando Jesús queda allí colgado, no lo podemos negar y tenemos que ver el sacrificio que hizo Dios por nosotros. A veces nos quedamos tan lejos de la cruz que casi no lo vemos. Nos quedamos fijados en Belén y el nacimiento. O nos quedamos en Galilea escuchando las predicaciones pero no entramos en Jerusalén a ver el clímax de la historia del Emmanuel—Dios con nosotros. Nos quedamos tan lejos que no vemos la sangre, que no escuchamos sus peticiones. La cuaresma es el tiempo de preparación, pero también de acercamiento. Un tiempo que nos trae hacia los pies de Jesús donde tenemos que enfrentarnos con Dios colgado en la cruz y tenemos que darnos cuenta de que lo hizo por nosotros.

La cuaresma es una bendición. Son cuarenta días dedicados al crecimiento espiritual. Un tiempo distinto por lo que significa en nuestra vida espiritual. Pero por lo que veo yo, me parece que para la mayoría de la gente, nada cambia con la cuaresma. No se nota nada diferente. Casi nadie se pone un reto en frente, ni se niega para nada. Pero debemos. Crecemos cuando hay un reto, un desafío, es un tiempo de probar nuestra fe, de dedicarnos a Dios, de invertir nuestras fuerzas en los demás, y de acercarnos a la cruz para que veamos la anchura del amor de Dios.

En las últimas semanas he platicado mucho con mi padre. Hablamos de metas en nuestras vidas, tanto lo personal que lo profesional que lo espiritual. Nos preguntamos, ¿Cómo quiero yo crecer en mi fe? ¿Cómo quiero yo ser mejor discípula de Cristo? ¿Estamos cómodos en venir a la iglesia los domingos y después nada hasta el próximo domingo? ¿Tenemos práctica de oración diaria? Y si la tenemos, ¿Cómo podemos crecer en esto? ¿Cada cuanto me meto en la palabra? ¿Cuántas veces he participado en misión? Decimos que no llegamos a un fin en nuestro crecimiento spiritual, entonces tenemos que buscar cómo podemos seguir creciendo, mejorando, acercándonos a Dios.

Entonces, delante de ustedes pongo las mismas preguntas. ¿Cómo están creciendo? ¿Cómo están acercando a Dios diariamente? ¿Cómo está ayudando al prójimo hacer lo mismo? ¿Qué ha cambiado en su vida espiritual en el último año? ¿En los últimos dos o tres años? ¿Se nota una diferencia? ¿Cuáles vicios ha dejado? ¿Saben lo que debe cambiar en su vida?

Vamos a regresar a los temas principales que mencioné primero. Cómo podemos adelantar nuestra relación con Dios, como podemos crecer en el compañerismo, y como podemos mejorar nuestro discipulado. Vamos a ver unas prácticas, unas sugerencias para que escojamos todos unas maneras que podemos dedicarnos más a Dios en la época de la cuaresma este ano.

Lucas 18:10-14 "Dos hombres subieron al Templo a orar: uno era fariseo y el otro publicano. 11 El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: "Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres: ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; 12 ayuno dos veces a la semana, diezmo de todo lo que gano". 13 Pero el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: "Dios, sé propicio a mí, pecador". 14 Os digo que este descendió a su casa justificado antes que el otro, porque cualquiera que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido".

Primeramente, en nuestra jornada debemos ser humildes. En este pasaje vemos como el fariseo justifica a sí mismo. El va bien con las reglas de Dios. Ayuna y diezma. Uno puede decir que practica bien la fe. Pero le falta la humildad. El se pone arrogante pensando en lo bueno que es. Ya aunque está dando lo que debe y obedeciendo las leyes, se ha olvidado de lo más importante—Dios. Sus prácticas lo han llevado a verse bien a si mismo, pero lo han hecho ciego de Dios. Pero a su lado es el publicano, lamentando su pobreza espiritual, sus fallos, su indignidad. Reconoció el pecador que era, y la necesidad que tenía por Dios. Si vamos a crecer en nuestra fe, tenemos que depender de Dios. Tenemos que ser humildes. Tenemos que pedirle a Dios que tenga misericordia de nosotros.

Mas que ser humildes, debemos enfocarnos en Dios, mejorar nuestra relación con Dios. Y aunque parece sencillo, lo hacemos como lo hacemos con todos los demás, pasamos tiempo juntos. Si queremos mejorar nuestra relación con Dios, hay que pasar tiempo juntos. Debemos conversar con él. Debemos escucharle. Y esto empieza con oración. La oración es nada más que conversación con Dios. Debemos platicarle de cómo estamos, de nuestros temores y ansiedades, de nuestras bendiciones y gozos. A lo mejor, como Dios es omnipotente, ya sabe lo que le platicamos, pero la costumbre de platicar con Dios, el hábito de oración es mas para nosotros que para Dios. Dios siempre está listo pasar con nosotros, nosotros somos los que debemos atender más a esta relación. Entonces, para acercarnos más a Dios, debemos orar más. En cuanto a la oración, no tiene que ser nada especial, nada extravagante, solo tiene que ser sincero. Dios no quiere un show. Dios no quiere un espectacular de las palabras bonitas. Dios quiere que seamos sinceros, honestos, reales.

Segundo, debemos mejorar nuestras relaciones con nuestros amigos, nuestros familiares, y aun nuestros enemigos. Mateo 5:44-48 nos dice: 44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os odian y orad por los que os ultrajan y os persiguen, 45 para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos y llover sobre justos e injustos. 46 Si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? 47 Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? 48 Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto. Debemos crecer en todas nuestras relaciones, pero el reto no es con los amables y amados, el reto queda con los injustos, indignos, con los enemigos. La prueba de amor y crecimiento espiritual queda en cuanto podemos amar a los que nos hacen mal. Cuanto podemos crecer en estas relaciones. Y fíjense que la palabra amar en español es como la griega—es verbo. Amar el prójimo, amar al enemigo es un acto, algo que hacemos. No importa si nos sentimos bien, el mandato es que actuemos con amor, que amemos, que practiquemos el amor hacia el enemigo. Y a lo mejor después de amarles en forma activo, después empezara sentir el amor hacia esta persona.

Entonces, para la cuaresma, ¿como pueden crecer en el amor hacia los demás? ¿Que pueden hacer para expresar amor hacia los demás? ¿Que hechos debe hacer hacia el enemigo para crecer en el amor de Dios?

Tercero es crecer en su propio discipulado. O sea, las disciplinas espirituales—el ayuno, la oración, el estudio, las alabanzas, los dones espirituales. Como puede crecer en las prácticas que le van a acercar a Dios, que le van a profundizar su nivel espiritual. Hay que usar las disciplinas. Hay que invertir en nuestro crecimiento espiritual. Y hay que ser realistico. No vamos a pasar de no orar, no ayunar, no meditar, no leer la palabra un dia a pasar 8 horas en la palabra y orando el siguiente. Tanto que no vamos a bajar 30 libras de peso de un dia al otro. El mejoramiento cuesta tiempo, tarda en hacerse maduro. Entonces, ponte metas que se puede cumplir. Anade 10 minutos de oracion en vez de 30 para empezar. Y despues de tener la practica de 10 minutos, anade otros 5 o 10 mas, paso por pasito. Si te dedicas al ayuno, haz lo posible, intenta de la cena de miercoles hasta el almuerzo del jueves. Ponte metas que te van a hacer crecer, pero tambien que quedan a tu alcance. Vale mas un pasito pequeno tomado, que un pasote largisismo que no se cumple.

Pero de todos modos, inviertete en tu caminar espiritual. Dedicate de nuevo a Dios. Mejorate las relaciones con los demas. Y busca siempre la cruz de Jesus para que no te olvides de todo lo que te ofrece Dios. Todo para la gloria de Dios. Amen.

La Salvacion

Ayer estaba viendo el programa ER—lo de los doctores en Chicago. Había un hombre que entró en la emergencia. Tenía 68 años y había entrado en un lago congelado para salvar a un niño de 8 anos. Lo atendieron y en conocerle aprendieron que él era doctor y que había trabajado en la cárcel. Se aprendió que el dio la medicina para las ejecuciones. En sus años, había matado a 17 personas. El último, el que le causo retirar del puesto fue un joven de 23 anos que había matado a un agente de la policía. Unos 2 meses después, aprendió que no era culpable el joven—que lo habían incriminado falsamente. O sea, que había matado a un inocente. Y el hombre dejo su trabajo. En los anos después quiso absolverse por lo que había hecho. Buscaba las familias y pedía perdón por sus hechos. Pagó la universidad de uno, compró un carro por otro. Dijo que lo único que tenia era dinero, entonces con esto intentaba reconciliarse.

Se sintió bien culpable por lo que había hecho. Había creído que estaba haciendo el trabajo de Dios—matando a los culpables, impidiéndoles en no hacer más mal—haciendo la justicia de Dios. El quería pagar por sus hechos malos. Quería hacer buenas cosas por todas las malas cosas. Quería justificarse, perdonarse por el hecho de hacer mucho bien. Pero estaba bien atormentado este hombre. No encontró paz. Nada fue suficiente para hacerle sentir bien.

En el programa la capellana del hospital pasó a visitarle. El preguntaba del perdón, de cómo se encuentra. Y la capellana quería ser bien abierta y dijo, “pues, yo creo que todos tienen que encontrar su propia manera.” Él se enojo. “¡No! Dime como se encuentra. Yo no tengo más en esta vida y tengo mucho miedo de lo que me espera.” El hombre estaba bien agitado. Y la capellana intentaba calmarle, pero no le habló del evangelio. Yo estaba allí mirándola queriendo tanto que le hablara del evangelio, que le dijera, “sabes que, no lo podemos entender bien—como Dios nos puede perdonar por lo que hemos hecho, pero nos dice que por su Hijo podemos ser perdonados. Tenemos que conocerle y aceptarle como Hijo de Dios y reconocer que el sufrió por nosotros y así estamos perdonados.” Yo quería tanto que le diera la respuesta de cómo encontrar salvación, y no lo hizo.

Tanto anhelaba este hombre por el perdón, por paz en su vida. Tanto necesitaba saber de Dios, de conocer al Señor. Tanto rogaba y pedía por la respuesta y no se lo dio. Este hombre no es el único que anhela perdón. Ni todos los que la buscan han matado a gente. Hay gente que ha mentido. Hay gente que se ha metido en drogas. Hay gente que ha robado. Hay gente que no ha respetado ni honrado a sus padres. Hay gente que ha cometido adulterio. Hay gente que ha odiado a los demás. Hay gente que ha abusado de los niños o de los viejos. Hay gente que se ha pegado a la pornografía. Hay tantos pecados que han cometido y están buscando perdón. Aun nosotros hemos pecado y necesitamos perdón.

Hoy vamos a tratar la respuesta. Quizás alguno de nosotros no ha recibido al Señor—hoy vamos a ver como se puede. Por los que sí han aceptado, quiero recordarles de los pasajes, de las escrituras para que no se queden sin palabras cuando alguien te pida la respuesta, cuando alguien anhele el perdón y la salvación.

Primeramente, debemos de reconocer que somos pecadores. Romanos 3:21-26 nos dice, “Pero ahora, aparte de la Ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la Ley y por los Profetas: 22 la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él, porque no hay diferencia, 23 por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios, 24 y son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, 25 a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, 26 con miras de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que el sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.” Debemos reconocer que todo pecado vale, no hay unos que son más importantes que otros, menos el de pecar contra el espíritu santo. Pecado es pecado. Y si hemos pecado, y todos sí lo hemos hecho, somos pecadores y por eso necesitamos perdón. Nos dice Romanos 6:22-23 Pero ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación y, como fin, la vida eterna, 23 porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro.” El castigo, la consequencia, del pecado es la muerte. Entonces, como todos hemos pecado, todos merecemos la muerte. Pero en medio de este castigo, Dios nos ofrece esperanza, Dios nos regala vida eterna por su Hijo Jesucristo. Primeramente debemos reconocer que somos pecadores, porque si no reconocemos que hemos fallado, que nos falta algo, que no encontramos el perdón por nosotros mismos, no vamos a buscarle ni escucharle a Dios cuando nos ofrece perdón. Entonces, el primero paso en ser perdonado es reconocer que hemos fallado, que somos pecadores y que necesitamos de la dadiva de Dios.

Segundo, tenemos que confiar en Dios, creer que sí se encarnó en la persona de Cristo, que vivió, murió y resucitó por nuestros pecados. Dios nos ofrece salvación por la persona de Jesucristo. Dios entendió que nosotros no íbamos a poder sacarnos del pecado, que estábamos tan metidos en pecado que no saldríamos. Entonces, Dios decidió reconciliarnos a él. Por eso vino y vivía con nosotros. Vivía una vida perfecta, sin pecado, para mostrarnos lo perfecto que es Dios, y lo posible que es vivir sin pecar—que hay esperanza de no hacer mal. En su vida se entregó a nosotros y lo matamos en la cruz, pero en su muerte se enfrentó con todo mal, con la muerte, con todo pecado, y de allí resucitó. Salió. Y conquistó. Conquistó el pecado. Conquistó la muerte. Jesús conquistó y así nos puede ofrecer salvación y perdón. Como ya escuchamos en Romanos 3, “so[mos] justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, 25 a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados,” Por sufrir lo peor del peor y por conquistarlo, nos abre un camino directo a Dios, un camino donde no tenemos que pagar nosotros por lo que hemos hecho porque ya se lo pagó Jesús. Repito: el segundo paso es reconocer a Jesús como Hijo de Dios y recibirle como salvador.

Tercero, hay que confesar tus pecados y arrepentirte. Hechos 3:19 nos diceAsí que, arrepentíos y convertíos para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de consuelo”. A veces creemos que el arrepentimiento significa pedir perdón, un “lo siento”. Pero el arrepentimiento es más que un lamento, es más que un “Lo siento”. El arrepentimiento significa un cambio, dar la vuelta, no hacer lo mismo. Entonces, cuando nos arrepentimos, debemos de hacer más que decirle a Dios, “I’m Sorry” “lo siento”, debemos de cambiar nuestras acciones, nuestros hechos. Si hemos cometido el adulterio, debemos mantenernos fieles a nuestra pareja. Si hemos metido en drogas, en la tomadera, en la pornografía, debemos dejarlo completamente, cambiar totalmente nuestras acciones. Nosotros por nuestros mismos no podemos borrar el hecho de lo que hemos hecho, pero Dios está dispuesto hacerlo por nosotros si confesamos nuestros pecados y damos la vuelta para no hacerlo otra vez. Cuando Jesús trata a la mujer adultera le dice, “no te condeno, vete y no peques mas”. Jesús está dispuesto absolvernos, pero parte del pacto que hace con nosotros es que dejemos el pecado. Entonces, el tercer paso es confesar nuestros pecados, arrepentirnos, y no volver hacerlo otra vez.

El cuarto es ser bautizado o bautizada. Marcos 16:16 nos dice, “El que crea y sea bautizado, será salvo; pero el que no crea, será condenado.” El bautismo es más que echar agua en la cabeza o aun más que mojarnos en el bautisterio. El bautismo es un acto visible hecho por nosotros que señala a lo que Dios está haciendo adentro por nosotros. El bautismo es cuando echamos agua a la persona y pedimos que Dios eche el Espíritu Santo a la persona. El bautismo simboliza el agua del parto, del nacimiento, porque creemos que cuando Dios nos unge con su Espiritu, estamos nacidos de nuevos—nacidos en el Espiritu. Hechos 2:38-41 nos cuenta de los apostoles y cuando añadieron muchos al pueblo cristiano. Dice, “Pedro les dijo: -- Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo, 39 porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llame. 40 Y con otras muchas palabras testificaba y los exhortaba, diciendo: -- Sed salvos de esta perversa generación. 41 Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados, y se añadieron aquel día como tres mil personas.” Cada persona tenía que arrepentirse y ser bautizada, pero el bautismo no solo tiene que ver con el individuo, tiene que ver con la comunidad. Uno esta bautizado en una comunidad, se añade a la comunidad. La comunidad se preocupa por esta persona—por su fe, su bien estar, su crecimiento en la Palabra y con Dios. Y esta persona se compromete a la comunidad.

A veces creemos que el hecho de ser salvo solo tiene que ver con nosotros mismos, individuos. Pero el hecho de ser salvo tiene que ver con la comunidad. Si no fuera por Cristo, el Señor de la comunidad, no seriamos salvos, y Cristo no lo hizo por una sola persona, lo hizo por todos. Cristo ofrece su gracia y la salvación a TODOS. Y cuando lo recibimos nos añade a su rebaño, a su pueblo, a su grupo, a su comunidad. Entonces, en el cuarto pasó, es importante ser bautizado, pero no solo en el bosque, aislado, pero aquí en la iglesia, rodeado por el pueblo cristiano. El bautismo es una iniciación a la comunidad cristiana donde hacemos un pacto de apoyarnos unos a otros después de que Dios nos unge con su santa espíritu.

(conclusion)


Sunday, December 30, 2007

El mundo no nos deja en paz

Mateo 3:13-23

R95 Matthew 2:13 Después que partieron ellos, un ángel del Señor apareció en sueños a José y le dijo: "Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Permanece allá hasta que yo te diga, porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo". 14 Entonces él, despertando, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto. 15 Estuvo allí hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que dijo el Señor por medio del profeta, cuando dijo: "De Egipto llamé a mi Hijo". 16 Herodes entonces, cuando se vio burlado por los sabios, se enojó mucho y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, conforme al tiempo indicado por los sabios. 17 Entonces se cumplió lo dicho por el profeta Jeremías, cuando dijo: 18 "Voz fue oída en Ramá, grande lamentación, lloro y gemido; Raquel que llora a sus hijos y no quiso ser consolada, porque perecieron". 19 Pero después que murió Herodes, un ángel del Señor apareció en sueños a José en Egipto, 20 y le dijo: "Levántate, toma al niño y a su madre, y vete a tierra de Israel, porque han muerto los que procuraban la muerte del niño". 21 Entonces él se levantó, tomó al niño y a su madre, y se fue a tierra de Israel. 22 Pero cuando oyó que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo temor de ir allá. Y avisado por revelación en sueños, se fue a la región de Galilea 23 y se estableció en la ciudad que se llama Nazaret, para que se cumpliera lo que fue dicho por los profetas, que habría de ser llamado nazareno.

La navidad y el adviento nos hacen pensar y concentrar en las cosas de Dios—paz, gozo, amor, esperanza. En Cristo, el niño, vemos la luz de Dios, la fragilidad de un ser humano y la humildad de Dios. Nos sentimos bien pensando en los hechos de Dios y todo lo que va a venir por la vida de Jesús, el salvador del mundo. Pero el texto de esta semana no nos deja allí. Nos saca de lo cómodo y nos hace saber que la vida de Jesús no fue uno de paz. Lo que hizo Dios no fue bien recibido por los demás. Este texto nos cuenta de abuso, de poder, de matanza. Ya familiarizados con la crucifixión y lo que le pasó a Jesús como adulto, quizás no nos llama la atención los hechos de Herodes. Pero los repito para que piensen bien en la realidad. Dice la escritura, “Herodes entonces… se enojó mucho y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, conforme al tiempo indicado por los sabios.” Todos los niños de menos de 2 anos en esta región. Imagínense. Para nosotros perderíamos por lo menos 3 de los nuestros. Allá en la otra congregación, otros 2. Herodes fue conocido por su tendencia a matar. Mató a su familia. Mató a los con poder, y los teólogos y historiadores dicen que matar a todos estos niños no sería lo peor de lo que hizo este rey. Aun que matar a todos estos niños fue tan normal que ni siquiera hubiera sido notado. Imagínense.

Esto no es la historia que esperamos por el Hijo de Dios, ni para un héroe, ni el señor de señores, ni el rey de reyes. Estos son puestos de honor y dignidad y la historia de Jesús como bebe no puede ser mas lejos de lo esperado.

Lucas y Mateo son los únicos que cuentan de la historia del nacimiento y no tratan las mismas cosas. Las historias son incongruentes. La de Lucas subraya las cosas humildes de la historia—para los pobres, los marginalizados, los rechazados. Y Mateo habla de los magos que le buscaban desde lejos y le trajeron regalos maravillosos y caros—oro, incienso, y mirra. Mateo habla del estatus de Jesús—honrado y buscado. Aun el rey Herodes le temía a Jesús por el poder que debe de tener y por eso mató a todos estos niños de menos de 2 anos.

Desde el principio, la vida de Jesús fue un drama. Empezó con el embarazo ilegitimo de María. Después no había lugar para José y María en Belén y la mama tenía que dar a luz en una cuadra con los animales. Los primeros visitantes fueron los pastores, los pobres de los pobres en aquellos tiempos. Y después tenían que irse José, María y Jesús a Egipto porque Herodes quería matarle al niño.

Sí, Jesús es la luz del mundo. Sí, es el salvador. Sí, nos trae paz, esperanza, gozo, y amor. Sí, es el encarnado de Dios—frágil y humilde. Pero aun siendo todo esto no tenía una vida sencilla, quieta, tranquila. Vivía debajo del abuso y la violencia desde el principio. Sufría por su identidad desde su nacimiento.

Pensando en la navidad, en el santo niño, en la paz de la navidad, el silencio de la noche estrellada, el gozo de los pastores y luego los magos, queremos agarrarla a la paz de Dios y no soltarla para nada. Nuestras almas están tan hambrientas por paz y esperanza que tan pronto que las encontramos las tenemos amarradas. Queremos quedarnos en la tranquilidad, en el silencio, en la paz. Queremos quedarnos en la cuadra con el niño precioso, el Hijo de Dios. Pero la realidad de este pasaje nos hace saber que no podemos. La vida no es así. Dios, sí, nos puede traer paz, pero la condición humana, la tendencia pecar no nos deja en paz. Nos enfrenta. Nos reta. Nos amenaza. Y siendo fieles como José y María, cuando escuchemos el orden de Dios, tenemos que “Levantarnos e ir” adonde nos quiera.

Me imagino que el dialogo personal de José sigue cuando oye esta voz del ángel: “?vamos adonde? Y por qué? ¿Quieren matar al niño? Pero si es el salvador, el que nos va a librar de los pecados…por que quieren hacer esto? (pausa) Bueno, ni modo, vamos. (sigh) ¿Qué va a significar este niño para nosotros? ¿Siempre tendremos problemas? ¿Prejuicio? Los pastores y los magos estaban tan gozosos que me imaginaba que todos estarían así. (Pausa) Huirnos porque lo quieren matar. ¿A un niño? Qué cosa.

María…María, tenemos que ir ya. (pausa—que?) tenemos que irnos ya. (pausa—adonde?) A Egipto. (Pausa—Por qué?) Porque quieren matar al bebe. (Pausa—Que? Pero por qué? ) No sé. (Pausa—por qué crees esto?) Me dijo un ángel.

Medio dormidos en la media noche, se van hacia Egipto. Alegres por tener el niño y por haber conocido a los pastores y los magos. Que tremendo que ni siquiera dijeron a los demás y esta gente sabía algo especial. Ángeles cantando en los cielos. Una estrella que guiaba a estos hombres desde tan lejos. Este niño realmente es especial. Y a la vez, preocupados y con miedo que con apenas unos días lo están amenazando. ¿Qué les va a pasar si así es por la vida? ¿Cómo va a poder salvarnos a todos si lo matan? ¿Cómo podemos protegerle del rey, de los romanos? Son fuertes ellos. Son poderosos. Nosotros no.

Yo creo que a lo mejor para nosotros es difícil imaginar esta situación por todo lo que tiene de emoción, de miedo, de misterio, y de alegría. Yo diría que la mayoría de nosotros no hemos pasado por amenazas así, ni a nosotros, ni a nuestros hijos. Y aunque son bien especiales nuestros niños, tampoco creo que lo han anunciado los ángeles, o que creíamos que iban a salvar al mundo. Pero aunque nuestras historias no son tan dramáticos como la de José y María, yo diría que podemos compartir de una manera. Aunque no lo anuncian los ángeles, parece cuando uno tiene un bebe, que todo el mundo está celebrando contigo. Por el embarazo aun los extranjeros te tocan la panza y te felicitan. Los regalos vienen de todos lados. Y después con el bebe en sus brazos, todo el mundo quiere adorarle, apreciarle, tocarle y felicitarles a los padres. Y aunque no nos han amenazado, tememos por la vida del niño. Tememos nuestro propio poder y sabiduría por cuidarle al niño. ¿Cuánto le damos de comer? ¿Qué hago si ni deja de llorar? ¿Y si le hago mal sin intentarlo? Todos tememos por el bien estar de un niño. (sea hijo propio, sobrina, nieta, o hijo de un amigo). Y aunque no son llamados “salvador del mundo” me imagino que todos tenemos esperanzas grandes para nuestros hijos—que sean doctores y encuentren la cura para el cáncer. Que sean científicos y logren una vacuna para la SIDA. Que trabajen por la paz y la justicia y terminen con la pobreza. Que sean una luz al mundo. Que traigan esperanza a los desesperados. Todos tenemos deseos, sueños, y esperanzas por los niños, como José y María. Entonces, de una manera creo que todos podemos simpatizar con los sentimientos de José y María, y si los amplificamos por los hechos de cuidar al hijo divino y por huir la espada de Herodes, y por esperar que su hijo seria el salvador del mundo, el Mesías, nos podemos poner allí.

Realmente, la historia y la vida de Jesús era un drama. Era un drama porque nos hace sentir tanto lo bueno de alegría y gozo que lo malo de temor y miedo. Los personajes incluyen los pobres, los rechazados, los ricos, los poderosos, y los ángeles. Nos llena de alegría y esperanza y después nos encontramos con un choque de riesgo. Y este drama, aunque ocurrió hace unos 2000 anos, sigue para nosotros en dos maneras. 1) Podemos simpatizar con Jose y Maria, por entender los sentimientos, las responsabilidades, el miedo, su historia transforme en nuestra historia. Cada vez que nace un niño, es como si naciera otra vez el niño Jesús. Y 2) La historia de Dios encarnado no se queda allí en el siglo uno, sigue vivo, sigue real. Entonces, la historia del nacimiento y la vida de Cristo ocurre y ocurre y ocurre porque nace y vive dentro de nuestros corazones.

Ya pasó la navidad y nos dimos cuenta de todas las bendiciones que trae Cristo a este mundo, y aunque los tenemos por él, no podemos quedarnos en este sentir de paz. Aceptando a Cristo, dejándole entrar en nuestros corazones, en nuestras vidas, significa que vamos con él, tenemos que huir con él hasta Egipto, metafórico, claro, pero…hasta lo extraño, hasta lo desconocido, para huir el mal. Tenemos que cuidarle a este niño dentro de nosotros, proteger su presencia, atenderle bien, y tenemos que seguir fieles, como José y María, al llamado de Dios cuando venga.