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Valencia, California
Studying scripture and preaching the Word to draw us into deeper understanding and more faithful discipleship.

Friday, June 22, 2007

La mujer pecadora

La semana pasada cuando empecé a trabajar en el sermón, estaba pensando en predicar sobre los padres. Estaba pensando en los padres de la biblia y buscando alguien que podía poner en ejemplo, sin usar los que todos usan—Josué y Abraham. Y al pensar un poco más, me ocurrió que las cosas que me estaban hablando esta semana fueron la gratitud y las bendiciones de Dios. He visto tanto los hechos de Dios en las últimas semanas y me di cuenta de que debo tratar estos temas. Sabiendo de que el texto del evangelio de esta semana trataba a la mujer pecadora que ungió a los pies de Jesús, me dije, pues, sería perfecto—esto tiene que ver con la gratitud y las bendiciones que recibimos. Estaba súper feliz porque este pasaje es uno de mis favoritos y tiene mucho por decir.


Bueno, el día siguiente, me di cuenta de que ya predicaba sobre este texto a nuestra congregación. ! Qué lástima! Y me dije, pues, a lo mejor, sí se van a acordar de la última vez. Entonces, busqué un salmo (62) que nos hablaría de la gratitud y las bendiciones. Lo leí, lo estudiaba, y me puse a pensar en la predicación otra vez. Y la verdad es que este pasaje de la mujer no me deja en paz. Me siento tan atraída a ella, que no puedo dejarla y buscar otro. Entonces, vamos a orar el salmo juntos después de la predicación, pero por ahora, vamos a enfocarnos en la historia de esta historia de la mujer pecadora.


Por lo que tenemos aquí en este pasaje, no sabemos mucho de ella. Sabemos que sí fue pecadora, pero esto no clarifica mucho. No sabemos su crimen. No sabemos su ofensa. Puede ser como cualquiera de nosotras que se acercó a Jesús como pecadora. Ella vivió en un mundo, una cultura, bien machista, bien sexista. Y aunque nos gustaría pensar que hemos avanzado un montón, también, nosotras vivimos, o hemos vivido por el machismo y el sexismo. Conocemos bien las miradas desdeñosas. Conocemos los rumores: “pues, ella no pertenece aquí. Ella no puede hacer esto. Una mujer no debe vestirse así, o venir a este lugar.” Por nuestra propia experiencia, podemos imaginar cómo fue por esta mujer. No sabemos si ella tenía muchas preocupaciones al entrar esta casa donde estaba cenando Jesús. No sabemos si ella se quedó fuera, escuchando a los hombres, discutiendo con si misma si debe entrar o no. No sabemos cuantos metros caminaba para llegar a esta puerta. No sabemos si tenía familia que le apoyaba o si la discriminaron. No sabemos cuánto le costó este aceite. Otros cuentos en el evangelio dicen que el aceite costó 300 denarios, lo equivalente del salario de un año. Pero según Lucas, no sabemos cuánto pagó ella por este aceite. Y más que nada, no sabemos cuánto estaba dispuesta darle a Jesús si solo lo tuviera.


Lo que sí sabemos es que ella pasó a esta casa allí en la ciudad, que Jesús estaba sentado y ella se acerco con su aceite. Se quedó de pie, detrás de él, y lloraba. Lloraba y se arrodillaba y empezó a bañar los pies de Jesús con sus lágrimas. Y los secó con sus cabellos. Le daba a él de si misma—sus lagrimas, su propia agua, sus lamentos y sus gozos. Y llevaría con ella los recuerdos de bañar al Señor con sus lagrimas y secarle con sus cabellos. Se beso a sus pies y los ungió con aceite. Me imagino que ponerse a los pies del otro no fue más normal en aquellos días que es hoy en día. Me imagino que uno le besaría a la mano, o a la mejilla, pero no a los pies. Esto relacionamos con los reyes, es un acto de humildad. Y humilde fue esta mujer. Ella no le pidió honor ni gloria. Y por lo que vemos aquí, ni le pidió nada. Ella dio y dio de sí sin pedir nada. Solo había escuchado de este hombre que sanaba y quitaba demonios, que predicaba y enseñaba. Solo había escuchado de él y ella estaba llena de ganas de verlo, de honrarlo, de darle lo mejor que se podía ofrecer.


Yo me crecí en la iglesia metodista. A los 5 años, yo acepté a Cristo, entonces no tengo la memoria, como adulta, de la conversión en que di cuenta de quién era yo y lo tanto que necesitaba a Jesús. A los cinco años, no se notaba de un día al otro que significaba, que diferencia había, en ser cristiana. Pero, por mi vida, he conocido a personas con experiencias tan fuertes con Jesús, que sí podía decir, “yo quiero experimentar esto.” Yo quiero conocer a Jesús de esta manera. Otros me han dado unos ejemplos de lo que se puede experimentar en Cristo, de lo que se puede hacer en él. Me ponen en frente estas cosas que se convierten en metas espirituales para mi. He querido ser una persona que exude, que tenga aura, del gozo de Cristo, de la paz de Cristo. He querido experimentar lo que es ser tocado por el espíritu en una manera tangible, palpable. He querido hablar en lenguas, y recientemente he querido escuchar la voz audible de Dios. Busco a Jesús, y no es que no lo conocí antes, solo que quiero encontrarle en una manera diferente, por las historias, por los cuentos, de los demás. Como esta mujer, en mi vida, he escuchado de él, de sus maravillas y milagros y por los cuentos me voy a encontrarle.


Como dije, no sabemos cuánto le costó este aceite, pero si suponemos que valía, por lo menos, como los otros dicen—300 denarios, entenderemos algo especial de esta mujer. Ella, en aquella cultura dominada por hombres, no podía salir a trabajar, no podía ganar por sí misma, y supongo yo, como no hubiera tenido dinero propio, que este aceite puede haber sido parte de su dote, parte de lo que hubiera dado a su novio por el matrimonio—y todo usó para ungir a Jesús. Wow! Esto habla mucho de la fe de esta mujer, del sentido que tenia a acercarse a Jesús. Dio tanto, tanto, tanto, sin pedirle nada. Puede ser que ya había experimentado sanidad, puede ser que solo había escuchado de sus hechos y confiaba tanto en él, puede ser, que sabía ella que él le conocería al corazón y no tenía que decir nada. Pero dio de sí sin preocuparse por las reacciones de los demás, sin preocuparse por el futuro y las preguntas de “qué pasará si no tengo este aceite, si no tengo este dinero?” No se preocupó por estas cosas del mundo, en cambio, se preocupó por las cosas del cielo, las cosas de Dios, las cosas que endurecen. Ella se preocupó por Jesús y su honor. Ella se humilló, sin vergüenza, y le daba honor a este hombre tan especial. Sus hechos fueron rodeados por fe, tejidos por fe.


Entonces, la pregunta para nosotros esta mañana es, ¿Qué habíamos escuchado de Jesús que nos atraía a él? ¿Qué nos llamó la atención? ¿Seguimos escuchando de sus maravillas? ¿Tanto que seguimos buscando mas y mas de él? Y, después, ¿qué de nosotros daríamos a Jesús? ¿Daríamos lo equivalente del salario de un año? ¿Daríamos nuestras lágrimas? ¿Podemos dejar las preocupaciones, la vergüenza, los dichos de los demás y concentrarnos solo en él?


A lo mejor, cada uno de nosotros lleva una caja como esta mujer, tenemos algo por ofrecerle a Jesús, ¿Confiamos en él? ¿Confiamos en su poder? ¿Nuestras acciones son tejidas por la fe? Si la respuesta es “Sí”—dale a Jesús, él está listo a recibir lo que tienes por ofrecerle. Y si la respuesta es “no”, piénsate en las historias de Jesús, piensa en la sanidad que necesitas, o el milagro que buscas, o la libertad que anhelas y dile a Cristo que quieres recibir de él, quieres crecer en tu fe, quieres conocer sin duda, sin preocupaciones que el siga actuando hoy en día. Aun lo puedes decir como un hombre del evangelio, “Confío, ayúdame donde no confío.”La vida cristiana tiene que ver con crecimiento espiritual. No somos lo mismo hoy que fuimos hace diez años, ni lo que fuimos ayer. Cada día que nos acercamos a Jesús crecemos en la fe. Hoy tenemos en las escrituras la fe de la mujer pecadora, la fe fuerte, la fe sin vergüenza. Podemos ponerla como ejemplo nuestro—podemos entender lo que es buscar y confiar en Jesús por solo los reportes que hemos recibido sobre él, y podemos entender la fuerza de fe que le empuja a uno dar tanto sin pedir nada. Ella entendió bien de la gracia del Señor—recibimos algo primero—algo de entendimiento, de la fe, segundo, damos de nosotros, y tercero, nos perdona a nosotros y nos nos manda al mundo para seguir compartiendo con los demás.

Monday, June 11, 2007

1 Corintios 11:17-34

Cuando se ve este pasaje en su sencillez, se ve que la celebracion de la santa cena de los corintios parecia a un potluck de hoy en dia. Escuchamos de cada miembro comiendo de su propia comida. Podemos imaginar que cada uno ha traido una comidita, pero en vez de compartir están comiendo cada uno su propia comida. Y están hacienda esto sin importarse por el bienestar o el hambre de los demas. Es decir, se reunion, por el evangelio, pero nada que hicieron mientras que estaban juntos, parecia al mensaje del evangelio, o la unidad en Cristo, que debía haber manifestado en la cena del Señor. En vez de parecer y actuar de una manera diferente, los hechos de los corintios se quedaron lo mismo. Comieron y bebieron como siempre habian hecho. Estaban separados por estatus, por clase economico, aún quizás por genero o raza. Es decir—no entendieron. Aun en celebrar la santa cena, no fueron cambiados.
Los corintios proclamaban a Cristo, pero no vivieron Cristo. Comieron del pan y tomaban de la copa, pero no permitían que fueran cambiados por estos hechos. Y por los de afuera viéndolos, estos cristianos no fueron diferentes de los demás. Sus costumbres y sus practicas fueron iguales. Ellos, desgraciadamente, no fueron tocados por el poder transformative del Espíritu Santo.
Y mientras escuchamos a las palabras de Pablo, escuchamos su frustración. “Ay, por Dios, chicos. ?No entienden? Están tan orgullosos de su comunidad Cristiana, pero no han sido transformados por el evangelio. Todas estas cosas predicadas deben hacer una diferencia. Deben ser importantes. El tener a Jesús en su vida debe hacer una diferencia, debe ser importante.” No hay duda de la frustración que experimentaba Pablo. Se nota bien claramente en este pasaje—“quieren que les aplaude, pero no puedo. !No puedo! ?Me escuchan? Asi no es la vida Cristiana.
Despues de expresar esta frustración, les hace recorder a los corintios como debe ser la santa cena, como fue cuando Jesús compartió esta comida con sus discípulos. Dice, “y la noche en que fue entregado, Señor Jesús tomó el pan, lo bendeció, lo partió, y se lo dio diciendo, “tomad, comed, este es mi cuerpo dado por vosotros. Haced esto en memoria de mi.” Y de tal manera, despues de haber cenado, tomó la copa, y la bendeció y se la dio diciendo “tomad y bebed, esto es mi sangre, derramada por vosotros. Heced esto en memoria de mi.” El hecho en si misma fue santo, y no se les mandó hacerlo simplemente por tener un recuerdo. Jesus no solo habló de dar el cuerpo y la sangre—cumplió con este hecho—lo hizo—dio su cuerpo—se lo entregó para el bienestar de todos; para que todos tendrían las bendiciones de Dios. La sangre era real—tanto al cuerpo—eran el sacrificio de nuestro Señor.
Y lo que quiere Pablo que entendamos es que participar en la cena del Señor significa—realmente—comer del cuerpo y beber de la sangre de Cristo—recibir del sacrificio y la bendición de Jesus. Y negar esto, es negar Cristo y sus hechos. En este hecho debemos reconocer y esperar que vamos a ser cambiados. Esta semana leí un dicho que dice, “los ateos no encuentran a Dios por lo mismo que un ladrón no encuentra a la policía.” Es decir—no quieren encontrar. No solo no lo buscan, pero aun lo evitan. En otras palabras, muchas veces no encontramos una cosa porque no la estamos buscando. Tenemos que buscar por las bendiciones de Dios, tenemos que esperar la transformacion, el cambio que puede ocurrir durante la santa cena. Si no lo buscamos, como el ladrón, no lo vamos a encontrar. Ni las bendiciones, ni la transformación que son dadas por la santa cena.
El otro día estaba platicando con un miembro de la iglesia. El me dijo, “tu predicación del domingo me habló mucho. Me sentí como si me hablaras directamente a mi. Yo soy todas estas cosas del pecador, y el sermon me afectó mucho. Pero, te digo una cosa. Comí y bebí y oré durante la communion—pero salí de allí y no me sentía que había cambiado nada. Todavia llevaba la verguenza de aquellos pecados.” Le contesté, “?Esperabas ser cambiado? ?Quisiste ser cambiado por la santa cena?” y él se quedó mudito—y por fin dijo, “!Tus preguntas son tan Fuertes!”
Entonces, la pregunta esta mañana es: “?Tu esperas que sadrás de aqui diferente? ?crees que te vas a sentir renovado/renovada despues de participar en la santa cena? ?realmente crees que el Espiritu Santo, que Dios, pueda acutar por esta comidita y hacerte Nuevo? El poder de Dios equivale el poder que queremos que tenga en nuestra vida. Escucha bien. El poder de Dios equivale el poder que queremos que tenga en nuestra vida. Si le das mas poder—mas control, mas oportunidades tendrá Dios por actuar en tu vida. Tenemos que darle paso a Dios. Tenemos que permitirle que nos afecte, que nos cambie, que nos hable. Y en estos hechos, como nosh ace recorder Pablo con los corintios—no podemos seguir en lo mismo.
No podemos venir a la iglesia, o ir al studio biblico, o aun salir en publico llevando la cruz y no ser diferentes. Somos diferentes porque el Senor nos cambia. Nos cambia para que seamos mas como él, menos como el mundo. Quiere que seamos menos arrogantes, menos racistas, menos machos, menos ignorantes, menos preocupados por el dinero, menos concentrado en nuestro propio bienestar y mas en el bienestar de los demás, mas como Dios, llenos de mas amor, mas conocimiento, mas libertad, mas entendimiento.
Jesus vino a este mundo para acercarnos a Dios—y para poder hacer esto tenemos que ser cambiados, ser renovados--!no importa tan lindito que nos veamos! “Todos,” como dice Pablo, “han pecado y están privados de la gracia del Señor.” Todos necesitamos de la gracia del Señor—y hoy, y cada vez que participamos en la santa communion, con el intent, con el querer de recibir y salir diferente, podemos recibir de esta gracia. Nos acerquemos a la mesa hoy, ojala, con el deseo de honrar al sacrificio de Cristo, con la esperanza de ser lavados, limpiadas, sanados, salvadas por la gracia del Señor—nos acerquemos con la confianza en la resurrection del Señor Jesús y las bendiciones que nos ofrece.
Que Dios nos bendiga, que Dios nos unga con su gracia. Que Dios nos llene con su Espíritu, y que salgamos diferentes—renovados y cambiados por esta comida hecha santa por la bendición de Dios, la cual fue hecha posible por el sacrificio de Cristo. Amén.

Getting Started




As you might have guessed, I'm a preacher. Each week I delve into a text and try and seek it's inspiration and relevance for us today. What is God saying to us through that text and how will it make a difference in our faith walk? Being the long-winded woman of God that I am, I figured not all of the readers of my everyday blog would be interested in my sermons. So I started this blog, where I will post sermons (maybe weekly, maybe not)--hopefully for your edification, or reading pleasure, or, if you so choose, so you can offer suggestions or questions that might help me grow in my preaching role. **Note, the majority of the preaching I do is in Spanish--my primary congregation is Latino, so more often than not, the words to be found here will be those in espanol.


Tengo un blog "normal" o mejor dicho, de las cosas cotidianas. Pero tambien, cada semana me esfuerzo en entender un texto de la biblia y aplicarlo a nosotros en la iglesia. Entonces, les ofrezco estas predicaciones, esperando que te afecten, te hablen, te inspiren, y aun, si tienes ganas, que me comentes de sus pensamientos, preguntas y lo demas que me puede mejorar en la predicacion. Tambien, debes saber que soy pastora de una congregacion latina, entonces, la mayoria de la predicacion que hago ahora, son en espanol, asi que si lees el espanol vas a encontrar mas para ti que para los que solo hablan ingles.


May God's grace and peace be with you. Que Dios te bendiga con mucha gracia y paz.